Qué hace el magnesio en el cuerpo y qué se puede afirmar por ley
El magnesio es un mineral que el organismo no fabrica y que participa como cofactor en cientos de reacciones enzimáticas, sobre todo en aquellas que manejan moléculas de ATP, la forma en la que la célula guarda y gasta energía. El adulto medio lleva encima entre 20 y 28 gramos de magnesio, y más de la mitad está depositada en el hueso. Otra buena parte vive dentro de las células musculares y de los tejidos blandos. En la sangre circula menos del uno por ciento del total, y esa es la razón por la que una analítica de magnesio sérico normal no descarta que los depósitos estén bajos: el cuerpo tira del hueso para mantener estable la cifra en sangre.
Con esa biología por detrás, la Unión Europea decidió tasar lo que un fabricante puede escribir en un envase. El Reglamento (CE) 1924/2006 estableció el principio general —ninguna declaración puede ser falsa, ambigua ni atribuir propiedades de prevención o curación de enfermedades— y el Reglamento (UE) 432/2012 fijó la lista cerrada de declaraciones de propiedades saludables permitidas. Para el magnesio quedaron aprobadas estas: contribuye a disminuir el cansancio y la fatiga, contribuye al equilibrio electrolítico, contribuye al metabolismo energético normal, contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso, contribuye al funcionamiento normal de los músculos, contribuye a la síntesis proteica normal, contribuye a la función psicológica normal, ayuda al mantenimiento de los huesos en condiciones normales, ayuda al mantenimiento de los dientes en condiciones normales e interviene en el proceso de división celular.
Esas frases solo pueden usarse si el producto aporta al menos el 15 % del valor de referencia de nutrientes en la cantidad que se consume al día, es decir, unos 56 mg de magnesio. Y aunque estén autorizadas, describen contribuciones al funcionamiento normal del organismo, no efectos terapéuticos. «Contribuye a disminuir el cansancio y la fatiga» significa que el mineral interviene en las rutas metabólicas implicadas; no significa que un comprimido vaya a quitarte el cansancio de una semana mala. La diferencia entre ambas lecturas es enorme y es exactamente donde se juega la honestidad de una ficha de producto.
Por qué el magnesio aparece en tantas conversaciones a la vez
Hay una razón técnica: al ser cofactor de enzimas que trabajan con ATP, el magnesio aparece en la contracción y relajación muscular, en la conducción del impulso nervioso, en la síntesis de proteínas y en la formación de la matriz ósea. Cuando un mineral toca tantas rutas, cualquier alteración de sus niveles se manifiesta de formas muy distintas según la persona, y eso alimenta la sensación de que sirve para todo. La consecuencia práctica no es que el magnesio sea milagroso, sino que sus señales de déficit son inespecíficas y se confunden con las de otras cosas. Un calambre nocturno puede ser magnesio, puede ser deshidratación, puede ser un efecto secundario de un diurético o puede no ser nada.
Las formas químicas y qué cambia realmente entre ellas
Un suplemento nunca contiene magnesio puro: contiene una sal de magnesio, es decir, magnesio unido a otra cosa. Ese acompañante determina dos parámetros que van casi siempre en direcciones opuestas: cuánto magnesio aporta la sal por unidad de peso y con qué facilidad se disuelve y se absorbe.
Las sales inorgánicas: mucho magnesio, poca solubilidad
El óxido de magnesio es el caso extremo. Alrededor del 60 % de su peso es magnesio, lo que permite meter mucho mineral en un comprimido pequeño y barato. Su problema es que se disuelve mal en agua y depende del ácido gástrico para liberarse; lo que no se absorbe se queda en la luz intestinal, atrae agua por ósmosis y produce el efecto laxante que muchos conocen. El hidróxido de magnesio comparte esa lógica hasta el punto de que se comercializa como antiácido y como laxante por derecho propio. El carbonato de magnesio se sitúa en un escalón intermedio: aporta bastante magnesio, necesita también acidez para convertirse en cloruro en el estómago y se tolera mejor cuando se toma con comida. Es la sal sobre la que Ana María Lajusticia construyó su producto más conocido.
Las sales orgánicas y queladas: menos magnesio, mejor tránsito
El citrato de magnesio se disuelve con facilidad y no depende tanto del ácido del estómago, lo que lo hace una opción razonable para quien toma inhibidores de la bomba de protones o tiene poca acidez gástrica. Su contrapartida es que solo alrededor del 16 % de su peso es magnesio, así que hacen falta comprimidos más grandes o más numerosos para llegar a la misma cantidad. El bisglicinato es un quelato: el magnesio va unido a dos moléculas del aminoácido glicina, lo que le permite absorberse en parte por las rutas de los aminoácidos y reducir la fracción libre que queda en el intestino. Es la forma que suele tolerarse mejor cuando el estómago protesta, y también la que menos magnesio aporta por miligramo de producto. Malato, lactato y gluconato están en un rango parecido.
La cifra grande del frontal es la sal. La cifra que decide la compra son los miligramos de magnesio por dosis diaria de la tabla nutricional.
Qué significa mezclar cinco
Una fórmula que reparte el aporte entre sales inorgánicas y orgánicas no multiplica la absorción, pero sí diversifica la ruta por la que entra el mineral y reparte la carga osmótica. Dicho de otro modo: cubres el aporte total con las sales concentradas y suavizas el tránsito con las solubles. Es una decisión de formulación defendible, no una tecnología. Quien quiera comparar en serio dos productos tiene que mirar los miligramos de magnesio por dosis diaria, no el número de sales que aparece en el frontal de la caja.
Si quieres profundizar en esta comparación, en el blog tienes una guía dedicada a los tipos de magnesio y cuál elegir y otra sobre citrato frente a glicinato.
Cuánto magnesio necesitas al día
El valor de referencia de nutrientes que aparece en las etiquetas europeas es de 375 mg diarios y sale del anexo XIII del Reglamento (UE) 1169/2011. Es una cifra única pensada para el etiquetado de toda la población adulta, no una recomendación individual. Los organismos científicos manejan valores algo distintos: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria propuso ingestas adecuadas del orden de 350 mg al día para hombres adultos y 300 mg para mujeres adultas, con cifras menores en la infancia y ajustes en el embarazo.
Hay un segundo número que casi nadie mira y que importa más: el límite superior de seguridad para el magnesio procedente de suplementos y de alimentos enriquecidos, situado en 250 mg al día por el antiguo Comité Científico de la Alimentación Humana y mantenido después. Ese tope no incluye el magnesio de la comida —el que llega en las almendras o en las espinacas no cuenta— porque el magnesio dietético no produce el efecto laxante que sí produce el de una sal concentrada tomada de golpe. Es decir: puedes comer 400 mg de magnesio al día en alimentos sin problema alguno, mientras que tomar 400 mg de golpe en forma de sal soluble te mandará al baño.
La aritmética que conviene hacer antes de comprar
Suma primero lo que ya comes. Una dieta española corriente con legumbre dos o tres veces por semana, frutos secos a diario, pan integral y verdura de hoja verde ronda o supera con facilidad los 300 mg. Sobre esa base, un suplemento de 100 a 200 mg de magnesio al día completa la ingesta sin acercarse al límite. Los productos que declaran 400 o 500 mg por dosis diaria están pensados para pautas concretas y no son «mejores» por llevar más: son sencillamente más difíciles de tolerar.
| Alimento (ración habitual) |
Magnesio orientativo |
Comentario |
| Pipas de calabaza, 30 g | Unos 150 mg | La fuente vegetal más concentrada de uso corriente |
| Almendras o anacardos, 30 g | 80-90 mg | Un puñado, no un cuenco |
| Chocolate negro 70 %, 30 g | 50-70 mg | Cuanto más porcentaje de cacao, más magnesio |
| Legumbre cocida, plato de 200 g | 80-140 mg | Garbanzo, alubia, lenteja |
| Espinacas o acelgas cocidas, 200 g | 100-160 mg | La clorofila lleva magnesio en su núcleo |
| Arroz integral cocido, 150 g | 60-70 mg | El refinado pierde buena parte del mineral |
| Aguacate, medio | Unos 30 mg | Aporta también potasio |
| Agua mineral rica en magnesio, 1,5 l | Variable, hasta 100 mg o más | Mira la etiqueta de composición de la botella |
Los valores son orientativos y proceden de tablas de composición de alimentos; varían con la variedad, el suelo y el método de cocinado. Sirven para hacerse una idea del orden de magnitud, no para llevar una contabilidad exacta.
Cuándo tiene sentido suplementar y cuándo no
Un complemento de magnesio tiene sentido cuando hay una ingesta insuficiente sostenida o una pérdida aumentada, y no lo tiene como gesto genérico de bienestar. Los perfiles en los que la ingesta suele quedarse corta o el consumo aumenta son bastante identificables: dietas muy restrictivas o hipocalóricas mantenidas en el tiempo, consumo alto de ultraprocesados con poca legumbre y poco fruto seco, alcoholismo, deportistas con sudoración muy abundante y entrenamientos largos, personas mayores con menor absorción intestinal y mayor excreción renal, y quienes toman de forma crónica determinados fármacos.
Hay además situaciones clínicas en las que la pérdida de magnesio es conocida y en las que la decisión de suplementar no es tuya sino de tu médico: diabetes mal controlada, enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal, resecciones intestinales, síndromes de malabsorción, tratamiento prolongado con diuréticos de asa o tiazídicos, y tratamiento crónico con inhibidores de la bomba de protones, sobre el que las agencias reguladoras emitieron avisos por casos de hipomagnesemia asociada al uso prolongado.
Cuándo un complemento no es la respuesta
Si lo que tienes es cansancio persistente, palpitaciones, calambres frecuentes, hormigueos o alteraciones del ánimo que se mantienen en el tiempo, el paso siguiente es una consulta médica, no un bote. Esos síntomas tienen una lista larga de causas posibles —anemia, tiroides, apnea del sueño, déficit de vitamina D o de B12, efectos de medicación, trastornos del ánimo— y ninguna se resuelve por probar suplementos a ciegas durante meses. Un complemento tomado «por si acaso» durante medio año retrasa el diagnóstico de lo que sí estaba pasando, y ese retraso tiene un coste real.
Tampoco tiene sentido suplementar magnesio si ya tomas un multivitamínico, un colágeno con magnesio y una bebida deportiva enriquecida: es fácil sumar sin darse cuenta tres aportes que por separado parecían moderados. Revisa las etiquetas de todo lo que tomas antes de añadir uno más.
Por qué la analítica de magnesio suele decir poco
Cuando alguien sospecha que anda bajo de magnesio, lo primero que pide es una analítica. El problema es que el parámetro habitual, el magnesio sérico, mide la fracción que circula por la sangre, y esa fracción es menos del 1 % del magnesio corporal. El organismo la mantiene estable a costa de movilizar las reservas del hueso, de modo que puede haber una depleción crónica de depósitos con un valor sérico perfectamente normal. Por eso un resultado dentro de rango no descarta un aporte insuficiente, y por eso tampoco sirve de mucho repetirlo cada pocos meses.
Existen otras determinaciones —magnesio eritrocitario, magnesio ionizado, excreción urinaria de 24 horas, prueba de carga— que aportan más información, pero no forman parte de la analítica de rutina y se piden en contextos clínicos concretos. La conclusión práctica para quien está en casa decidiendo si comprar un bote: la decisión se toma mirando lo que comes y lo que tomas, no un número aislado de una analítica general. Y si hay síntomas que preocupan, quien tiene que interpretar ese número junto con el resto del cuadro es tu médico.
Magnesio y deporte
El ejercicio intenso y prolongado aumenta las pérdidas de magnesio por sudor y por orina, y en deportistas con cargas altas y dietas ajustadas la ingesta se queda corta con más frecuencia que en población sedentaria. Esa es la base razonable para revisar el aporte en quien entrena en serio. Lo que no está demostrado es que suplementar magnesio mejore el rendimiento en deportistas que ya tienen un aporte adecuado, ni que prevenga los calambres asociados al ejercicio, cuyo origen se atribuye hoy más a la fatiga neuromuscular que a un déficit mineral. La hidratación, el sodio y la programación de las cargas explican bastante más que el magnesio en ese terreno.
Efectos adversos y límites de tolerancia
El efecto adverso característico de los suplementos de magnesio es digestivo: heces blandas, urgencia, diarrea, retortijones y sensación de hinchazón. Aparece por el magnesio que no se absorbe y retiene agua en el intestino, y depende más de la cantidad por toma y de la sal empleada que de la dosis total diaria. Bajar la dosis, repartirla en varias tomas, cambiar a una sal más soluble o tomarla con comida suele resolverlo. Si no se resuelve, deja de tomarlo y consúltalo.
En personas con la función renal conservada, el riñón elimina el exceso de magnesio con eficacia y la hipermagnesemia por suplementos orales es rara. La situación cambia por completo en la insuficiencia renal: con el filtrado glomerular reducido, el magnesio se acumula y puede provocar náuseas, bajada de tensión, debilidad muscular, alteraciones del ritmo cardiaco y depresión del sistema nervioso central. Por eso la regla es tajante: si tienes enfermedad renal crónica, no tomes suplementos de magnesio sin que te los indique y te los controle tu nefrólogo. Lo mismo vale para el bloqueo auriculoventricular y para la miastenia gravis.
Con la función renal alterada, el magnesio deja de ser un mineral inocuo: se acumula. Ahí la suplementación se indica y se controla en consulta, nunca por cuenta propia.
Interacciones con medicamentos: lo que hay que separar en el reloj
El magnesio forma complejos poco absorbibles con varios principios activos en el tubo digestivo. No es una contraindicación absoluta en casi ningún caso: es un problema de horario que se resuelve separando las tomas. Estas son las combinaciones que conviene tener presentes.
Antibióticos: tetraciclinas y quinolonas
Doxiciclina, minociclina, ciprofloxacino, levofloxacino y norfloxacino se quelan con el magnesio y pierden eficacia de forma notable. La pauta habitual es tomar el antibiótico al menos dos horas antes o de cuatro a seis horas después del magnesio. Durante un tratamiento antibiótico corto, lo más sencillo es suspender el suplemento y retomarlo al terminar, siempre según lo que te diga quien te lo ha recetado.
Levotiroxina y hormona tiroidea
El magnesio reduce la absorción de la levotiroxina, y en un fármaco que se ajusta por microgramos eso se traduce en analíticas descuadradas. La recomendación general es separar al menos cuatro horas: levotiroxina en ayunas al levantarse y magnesio en la comida o en la cena. En el blog hay un artículo dedicado a la interacción entre magnesio y levotiroxina con más detalle.
Bifosfonatos
Alendronato, risedronato e ibandronato, usados en osteoporosis, ven muy reducida su absorción con cationes divalentes como el magnesio o el calcio. Se toman en ayunas con agua sola y hay que dejar pasar al menos dos horas antes de cualquier suplemento mineral.
Diuréticos
Los diuréticos de asa (furosemida, torasemida) y los tiazídicos aumentan la pérdida renal de magnesio, así que el tratamiento crónico con ellos empuja en la dirección contraria y a veces justifica la suplementación. Los ahorradores de potasio (espironolactona, amilorida) hacen lo opuesto y retienen magnesio, con lo que el riesgo pasa a ser el de acumular. En ambos casos la decisión es del médico que lleva el tratamiento.
Inhibidores de la bomba de protones y sales de hierro o zinc
El uso prolongado de omeprazol, pantoprazol y similares se ha asociado a hipomagnesemia, y además la menor acidez gástrica dificulta la disolución de las sales inorgánicas: si tomas uno de estos fármacos y quieres suplementar, las formas solubles tienen más sentido. Con el hierro y el zinc la interacción es de competencia por la absorción, así que conviene separarlos al menos dos horas en lugar de tomarlos juntos.
Esta lista no es exhaustiva y no sustituye a la revisión de tu tratamiento completo. Antes de añadir un complemento a una medicación crónica, enséñale la caja a tu farmacéutico: es la consulta más rápida y más barata que existe.
Embarazo, lactancia, infancia y edad avanzada
Durante el embarazo las necesidades de magnesio aumentan de forma moderada, pero eso no convierte a la suplementación en una recomendación automática. La pauta de suplementos en el embarazo la marca el equipo que lleva el seguimiento, que ya valora hierro, yodo y ácido fólico y sabe qué añadir. En lactancia ocurre lo mismo. En niños, los complementos formulados para adultos no son adecuados por dosis y ninguna suplementación infantil debería iniciarse sin pediatra de por medio.
En personas mayores confluyen tres factores: menor ingesta, menor absorción intestinal y mayor pérdida renal, junto con la polimedicación. Es un perfil donde revisar el aporte de magnesio tiene sentido, y también donde más hay que vigilar las interacciones y la función renal. Otra vez, el sitio para tomar esa decisión es la consulta.
Magnesio, sueño, calambres y estrés: lo que se puede decir
Son las tres razones por las que más gente compra magnesio, y merecen una respuesta honesta. El magnesio tiene una declaración autorizada por su contribución al funcionamiento normal del sistema nervioso, a la función psicológica normal y al funcionamiento normal de los músculos. Eso es lo que se puede escribir. Lo que no se puede escribir es que mejore el insomnio, que elimine los calambres nocturnos o que reduzca la ansiedad, porque esas declaraciones no están aprobadas y la evidencia disponible no es concluyente en población general.
Sobre los calambres nocturnos en particular, las revisiones de la literatura han sido bastante consistentes en no encontrar un beneficio claro de la suplementación con magnesio en adultos sin déficit, incluidos los mayores. En embarazadas los resultados han sido menos uniformes. Sobre el sueño, los estudios existentes son pequeños y heterogéneos, y las agencias no han validado ninguna declaración al respecto. Que a mucha gente le siente bien no es lo mismo que estar demostrado; y que no esté demostrado no significa que a ti no te vaya a servir. La postura razonable es probarlo con expectativas ajustadas, sin sustituir una consulta y sin encadenar meses de suplementos si el problema persiste.
El magnesio no es un somnífero ni un ansiolítico. Es un mineral que el cuerpo necesita a diario y cuyo déficit sostenido produce síntomas. Cubrir el aporte es sensato; esperar un efecto farmacológico, no.
Cómo comparar dos botes de magnesio en la estantería
1. Busca los miligramos de Mg, no los de la sal
En la tabla de información nutricional del envase tiene que aparecer «Magnesio» con su cantidad por dosis diaria y su porcentaje del valor de referencia. Si el frontal dice «1.500 mg» y la tabla dice «187,5 mg de magnesio (50 % VRN)», el dato bueno es el segundo.
2. Calcula el precio por día, no por bote
Divide el precio entre el número de dosis diarias que salen del envase. Un bote de 100 comprimidos con pauta de tres al día son treinta y tres días; uno de 60 con pauta de uno son sesenta. La comparación por bote induce a error de forma sistemática.
3. Mira qué sales lleva y en qué orden
Los ingredientes se listan por orden decreciente de cantidad. Si el bisglicinato aparece el último de cinco, su aporte es marginal aunque salga destacado en el frontal.
4. Comprueba los excipientes y los alérgenos
Celulosa microcristalina, estearato de magnesio o dióxido de silicio son excipientes habituales y sin mayor relevancia. Lo que hay que revisar con lupa es la presencia de gluten, lactosa, soja o derivados si tienes alergia o intolerancia, y la mención de aptitud para veganos si la necesitas.
5. Verifica que la empresa esté identificada
El etiquetado obligatorio incluye el nombre y la dirección del operador responsable en la Unión Europea, el lote y la fecha de consumo preferente. Un producto sin esos datos no debería llegar a tu carrito.
6. Desconfía de las promesas
Cualquier envase o página que atribuya al magnesio la mejora de una enfermedad, un porcentaje de eficacia o un plazo garantizado está incumpliendo el Reglamento (CE) 1924/2006. Es una señal fiable de con quién estás tratando.
7. Ajusta la forma a tu situación
Si tienes el estómago sensible o tomas antiácidos de forma habitual, las formas solubles te irán mejor. Si buscas cubrir el aporte con el menor número de comprimidos, las inorgánicas cunden más. Si vienes de tolerar mal otros magnesios, el bisglicinato es el candidato lógico.
Cómo encaja el Magnesio Total dentro de la gama
Ana María Lajusticia es una marca española que lleva décadas asociada al magnesio y cuyo producto histórico es el carbonato de magnesio en polvo y en comprimidos. Alrededor de ese producto ha crecido una gama que incluye cloruro de magnesio, colágeno con magnesio, triptófano con magnesio y esta fórmula de Magnesio Total, que se diferencia por combinar cinco sales en lugar de apoyarse en una.
La elección entre uno y otro depende menos del marketing que de tu tolerancia y de tu pauta. Quien va bien con el carbonato clásico no gana nada cambiando. Quien nota molestias digestivas con las sales inorgánicas puras suele encontrarse mejor con una fórmula mixta o directamente con un bisglicinato. Y quien busca combinarlo con colágeno para el aporte articular tiene productos específicos dentro de la misma gama. En el catálogo tienes la sección de magnesio completa, y en el blog una revisión de la gama de Ana María Lajusticia y un artículo sobre los síntomas asociados al déficit de magnesio.
Si lo que te preocupa son las precauciones, la lectura recomendable es la de contraindicaciones del magnesio, que entra en detalle en los perfiles que deben consultar antes de tomarlo.
Compra, garantía y devolución: tus derechos
Desistimiento: 14 días naturales
En una compra a distancia dispones de 14 días naturales desde que recibes el pedido para desistir sin tener que justificar el motivo y sin penalización, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Puedes examinar el producto igual que lo harías en una tienda física. Si el vendedor no te informa correctamente de este derecho, el plazo se amplía doce meses.
Hay una excepción que se cita mal muy a menudo. El artículo 103.e excluye del desistimiento los bienes precintados que no sean aptos para ser devueltos por razones de protección de la salud o de higiene y que hayan sido desprecintados tras la entrega. Se tienen que cumplir las dos condiciones a la vez. Un complemento alimenticio con el precinto intacto se devuelve sin discusión; una frase del tipo «los productos de higiene o salud no admiten devolución» es ilegal tal cual está escrita.
Garantía legal: 3 años
Desde la reforma del Real Decreto-ley 7/2021, para los productos comprados a partir del 1 de enero de 2022 la garantía legal de conformidad es de tres años, no de dos. La acción para reclamar prescribe a los cinco años desde que se manifiesta la falta de conformidad. En un producto consumible como un complemento alimenticio, esa conformidad se refiere a que el artículo llegue íntegro, correctamente etiquetado y dentro de su fecha de consumo preferente; si llega dañado, caducado o no corresponde con lo pedido, tienes derecho a la sustitución o al reembolso.
Qué hacer si algo falla
Escribe a atención al cliente con el número de pedido y una foto del producto y del lote. Para incidencias de transporte, cuanto antes se comunique, mejor. Y si el problema es una reacción adversa tras tomar un complemento, además de dejar de tomarlo y consultar a tu médico, puedes notificarlo a las autoridades de consumo y sanidad de tu comunidad autónoma.
Conservación y olvidos
Los comprimidos se guardan en su envase original, cerrado, en un sitio seco y a temperatura ambiente, lejos de la luz directa y del vapor del baño o de la cocina. La humedad es el enemigo real de las sales de magnesio: apelmaza el comprimido y acelera su degradación. Conviene no trasvasarlos a pastilleros durante semanas por ese motivo, y respetar siempre la fecha de consumo preferente impresa en la caja junto al lote. Si olvidas una toma, no dupliques la siguiente para compensar: sigue con la pauta normal. Doblar la dosis no recupera nada y sí aumenta la probabilidad de molestias digestivas.
Resumen práctico
El Magnesio Total de Ana María Lajusticia es un complemento de magnesio en comprimidos que reparte el aporte entre cinco sales distintas, se fabrica en España y viene en envase de 100 unidades. Para decidir si te encaja, mira tres cosas en este orden: cuántos miligramos de magnesio aporta la dosis diaria según su etiqueta, cuántos comprimidos al día implica esa dosis y si tomas algún medicamento con el que haya que separar la toma. Si esas tres respuestas te cuadran, es una opción tan válida como cualquier otra fórmula mixta del mercado. Si no te cuadran, no hay marca que lo arregle.
Y la regla que ordena todo lo demás: el magnesio de la comida va primero, el suplemento va detrás, y cualquier síntoma que se mantenga en el tiempo va al médico y no al buscador.