Hidratación profunda
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«Me encanta el aroma y la textura de este champú. Mi cabello se siente suave y manejable después de usarlo.»
«No esperaba que fuera tan efectivo, pero la verdad es que mi cabello se siente más suave y con menos encrespamiento. Un poco caro para mi presupuesto, pero vale la pena.»
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La escena fue en Zaragoza, una tarde de febrero de esas en las que el cierzo no despeina: directamente negocia contigo. Marta, 42 años, entró en la peluquería de Ana con el abrigo puesto, una bufanda gris y el pelo recogido con una pinza que ya había perdido la batalla.
“No quiero cortármelo más”, dijo nada más sentarse. Ana le soltó el pelo, pasó los dedos por las puntas y se quedó callada dos segundos. Ese silencio en una peluquería suele decir más que un diagnóstico.
“¿Qué champú usas?”, preguntó.
“Uno hidratante. Bueno, eso pone. Lo compré porque olía muy bien”.
Ahí estaba el problema. Marta no tenía el pelo “un poco seco”. Tenía el típico cabello apagado, áspero en medios y puntas, con esa textura que parece pedir agua aunque acabes de salir de la ducha. Se lo lavaba cada dos días, usaba mascarilla de vez en cuando y, aun así, notaba que el pelo se le quedaba pobre, como una camiseta buena después de demasiados lavados.
Lo curioso es que ella pensaba que estaba cuidándolo. Y lo estaba intentando. Pero hidratar no consiste en echar cualquier producto con aroma dulce y espuma abundante. Hay champús que limpian, sí, pero dejan el cabello como una persiana al sol: seco, rígido y sin gracia.
El giro llegó cuando Ana le explicó algo sencillo: a veces el pelo no necesita más pasos, sino un primer paso mejor. Un champú hidratante bien formulado puede cambiar cómo responde todo lo demás. Y ahí es donde un producto como el Champú Hidratante Rejuvenating Macadamia empieza a tener sentido, sobre todo si tu pelo está seco, dañado o cansado de promesas bonitas que se van por el desagüe.
Mi opinión es clara: si tu cabello se nota áspero desde el lavado, no esperes que una mascarilla arregle siempre el desastre. El lavado ya forma parte del tratamiento.
¿Cómo puede ser que en 2026 sigamos comprando champús como quien elige una vela aromática? Parece exagerado, pero lo veo constantemente: envase bonito, olor agradable, una palabra atractiva en la etiqueta y al carrito. Luego llega la ducha, llega el secador y llega la decepción.
Hace unos meses, en Madrid, un amigo llamado Sergio me enseñó tres champús en su baño. Los tres decían algo parecido: reparación, nutrición, brillo. Le pregunté cuál le funcionaba mejor. “Ninguno, pero voy alternando”, me dijo. Esa frase resume muy bien el problema. Mucha gente no elige según su cabello, sino según la esperanza de que el siguiente bote sea el bueno.
El cabello seco y dañado no aparece solo por una causa. Tintes, planchas, sol, agua dura, lavados frecuentes, contaminación, cepillados agresivos y productos demasiado fuertes van sumando pequeñas facturas. No lo notas de golpe. Un día el pelo brilla menos. Otro día se enreda más. Después las puntas parecen pajizas. Y cuando quieres reaccionar, ya llevas semanas tratando un problema acumulado con soluciones sueltas.
Los datos de consumo del sector belleza apuntan desde hace años a una demanda creciente de fórmulas más respetuosas: sin sulfatos, sin parabenos, sin siliconas y no testadas en animales. No es una moda vacía cuando detrás hay una necesidad real. Muchas personas buscan limpiar sin arrasar, cuidar sin apelmazar y usar productos que encajen con una rutina más consciente.
El Champú Hidratante Rejuvenating Macadamia entra justo en ese territorio: champú hidratante unisex, pensado para cabello seco y dañado, con una formulación libre de sulfatos, parabenos y siliconas. Eso no convierte el producto en magia, pero sí lo coloca en una categoría más razonable para quien nota el pelo deshidratado.
Mi opinión es directa: el problema no es que falten productos. El problema es que sobran etiquetas parecidas y falta criterio para distinguir un limpiador cualquiera de un champú que realmente respeta la fibra capilar.
Imagina una cuerda vieja en el puerto de Valencia. Ha estado al sol, ha rozado contra el muelle y ha recibido sal durante meses. Desde lejos parece entera, pero cuando la coges notas las fibras abiertas, duras y secas. Con el cabello dañado pasa algo parecido. La fibra capilar no siempre se rompe de golpe; se desgasta, pierde suavidad, se vuelve porosa y deja de reflejar la luz de forma uniforme.
Un champú hidratante como Rejuvenating Macadamia trabaja desde el primer gesto: limpiar. Y aquí conviene desmontar una idea muy extendida. Un buen champú para cabello seco no debería limitarse a retirar grasa, restos de producto y suciedad. Debe hacerlo sin dejar la sensación de “pelo chirriante”, esa textura demasiado limpia que a algunas personas les parece buena señal, pero que muchas veces indica que el cabello ha quedado más expuesto de la cuenta.
En su fórmula aparecen tensioactivos como cocamidopropyl betaine, decyl glucoside y disodium laureth sulfosuccinate. Traducido a idioma de baño de casa: son agentes limpiadores que ayudan a arrastrar impurezas y generar una espuma manejable. La imagen mental es la de una cuadrilla limpiando una fachada antigua con cepillos suaves en lugar de una manguera a presión. La suciedad se va, pero la superficie no queda castigada.
También encontramos ingredientes acondicionadores y de apoyo sensorial como polyquaternium-7 y guar hydro. Su función se entiende mejor si piensas en una cremallera que se atasca. No cambia la prenda, pero facilita que todo deslice mejor. En el cabello, ese tipo de ayuda se nota al desenredar, al pasar los dedos y al reducir la fricción que acaba rompiendo puntas.
La presencia de Triticum vulgare wheat germ oil, aceite de germen de trigo, y tocopheryl acetate, una forma de vitamina E, apunta a una idea de cuidado más nutritivo. No hablamos de reconstruir el pelo como si fuera una pared recién levantada. El cabello visible no está vivo como la piel. Pero sí puedes mejorar su comportamiento cosmético: que se vea más flexible, que tenga mejor tacto y que no parezca una madeja reseca después de cada lavado.
El hecho de que sea libre de sulfatos importa especialmente en rutinas donde el pelo ya está tocado. Los sulfatos tradicionales pueden funcionar bien en algunos casos, sobre todo en cabellos muy grasos o con mucha acumulación, pero en melenas secas pueden resultar demasiado intensos. Es como lavar una copa delicada con estropajo metálico: quizá la dejas limpia, pero pagas un precio en la superficie.
Que sea sin siliconas también tiene lectura. Las siliconas no son el enemigo universal, aunque se las haya tratado así. Algunas aportan brillo y suavidad rápida. Pero hay personas que prefieren evitar esa película cosmética porque quieren una sensación más ligera o porque notan acumulación con el tiempo. En ese caso, un champú sin siliconas puede ayudar a que el pelo no quede maquillado en exceso.
Y luego está el uso real. El champú no actúa solo por su lista de ingredientes, sino por cómo lo aplicas. Una cantidad razonable en cuero cabelludo, masaje con la yema de los dedos, espuma que baja hacia medios y puntas sin frotar como si estuvieras lavando una alfombra, aclarado generoso y paciencia. Ese ritual vale más que duplicar producto sin sentido.
Mi opinión: este champú tiene sentido cuando buscas limpieza amable, tacto más cómodo y una base hidratante para cabello seco o dañado. No te va a convertir una melena destrozada en pelo de anuncio de la noche a la mañana, pero sí puede hacer algo más útil: dejar de empeorar el problema en cada lavado.
Laura vive en Triana y trabaja en una inmobiliaria. Cada mañana se arreglaba el pelo con cepillo y secador, salía perfecta y, al cruzar dos calles, el encrespamiento empezaba a levantar la mano. No era un drama de película, pero sí esa molestia diaria que te hace mirarte en todos los escaparates.
Cuando cambió a un champú más hidratante y menos agresivo, no desapareció la humedad de Sevilla, claro. Pero notó algo importante: el pelo no salía de la ducha tan áspero. Al peinarlo, el cepillo no se enganchaba tanto y necesitaba menos calor para dejarlo presentable.
Mi opinión: en cabellos secos con tendencia al encrespamiento, el lavado decide media batalla. Si empiezas con la fibra más amable, no tienes que pelearte tanto después.
Javier nada tres veces por semana en una piscina de Deusto. Durante años usó el primer champú que encontraba en la mochila. Decía que le daba igual, hasta que empezó a notar el pelo rígido, mate y con una textura extraña. El cloro no perdona, y menos si luego limpias el cabello con productos que no compensan nada.
Con un champú hidratante como Rejuvenating Macadamia, el cambio no está en “borrar” la piscina, sino en dar al pelo una limpieza más considerada. Después del entrenamiento, el cabello necesita retirar residuos, pero también agradecer que no lo traten como una sartén grasienta.
Mi opinión: si haces deporte, nadas o te lavas el pelo con frecuencia, no puedes elegir cualquier champú. La frecuencia multiplica tanto los aciertos como los errores.
Nieves salió de la peluquería encantada con sus mechas beige. Dos semanas después, en su baño de Parquesol, la historia era otra. El color seguía bonito, pero el tacto había cambiado. Las puntas estaban más secas y el pelo se enredaba al mínimo descuido.
Su error fue pensar que el color solo se cuida con mascarilla. El champú también cuenta. Una fórmula sin sulfatos puede resultar más conveniente para cabellos tratados, porque reduce esa sensación de limpieza excesiva que deja el pelo apagado. Además, al no llevar siliconas, evita que la suavidad venga solo de un acabado cosmético pesado.
Mi opinión: si inviertes en color, no tiene sentido ahorrar criterio en el lavado. Las mechas bonitas necesitan una rutina que no las castigue desde el primer minuto.
Marcos siempre decía: “Yo llevo el pelo corto, no necesito nada especial”. Hasta que su pareja le señaló algo en una terraza de Ruzafa: la parte superior se veía opaca y las puntas levantadas. Él pensaba que el cabello seco era cosa de melenas largas. Error bastante común.
El pelo corto también sufre con geles, ceras, sol, lavados diarios y agua caliente. Un champú hidratante unisex encaja bien aquí porque no plantea una rutina complicada. Limpia, respeta y deja mejor tacto sin convertir el baño en un laboratorio.
Mi opinión: el cuidado capilar masculino suele llegar tarde porque muchos hombres esperan a ver el problema de forma evidente. Mejor actuar cuando el pelo empieza a cambiar, no cuando ya pide auxilio.
Carmen tiene 55 años, camina cada mañana por la zona de Riazor y siempre ha tenido buen pelo. Pero empezó a notar algo difícil de explicar: su melena parecía cansada. No estaba rota del todo, no estaba fatal, pero había perdido cuerpo, brillo y movimiento.
En cabellos maduros o castigados por años de tintes, secador y cambios hormonales, el objetivo no siempre es transformar. A veces quieres recuperar una sensación de pelo más cuidado, más dócil, menos seco al tacto. Ahí un champú hidratante con aceites y agentes acondicionadores puede aportar una mejora cotidiana.
Mi opinión: rejuvenecer el aspecto del cabello no va de prometer juventud embotellada. Va de devolverle al pelo una textura más viva, y eso empieza con productos que no lo dejan más pobre después de lavarlo.
Hace poco, en una comida en Málaga, una prima me dijo que todos los champús le parecían iguales. En la mesa había tortilla, boquerones y una discusión capilar bastante seria para ser domingo. Le pedí que me contara qué había probado. La lista era perfecta para esta comparativa: champú barato de supermercado, champú profesional con siliconas y champú sólido de moda.
Primera alternativa: el champú económico de uso general. Tiene una ventaja obvia: cuesta poco y lo encuentras en cualquier sitio. Para algunos cabellos normales puede ser suficiente. El problema aparece cuando tu pelo está seco o dañado. Muchos productos generalistas priorizan sensación de limpieza, espuma abundante y perfume. Eso puede gustarte en la ducha, pero no siempre se traduce en mejor tacto al secar. Si tu cabello ya está áspero, un champú demasiado limpiador puede dejarlo todavía más rebelde.
Frente a eso, el Champú Hidratante Rejuvenating Macadamia ofrece una propuesta más concreta: cabello seco y dañado, sin sulfatos, sin parabenos, sin siliconas y no testado en animales. No compite por ser el más barato del estante. Compite por encajar mejor con una necesidad.
Segunda alternativa: el champú profesional con siliconas. Aquí hay que ser justos. Algunas siliconas dan un acabado precioso: brillo rápido, tacto sedoso y peinado fácil. Si buscas efecto inmediato para una ocasión, pueden funcionar muy bien. Lo que nadie te cuenta es que ese acabado puede confundirte. A veces el pelo parece sano porque está muy pulido por fuera, no porque la rutina esté tratando bien la sequedad.
Un champú sin siliconas, como este, juega otra partida. No te vende tanto el “mira qué suave al segundo” como una limpieza más ligera y una sensación menos recubierta. A algunas personas les encanta. Otras, acostumbradas al tacto siliconado, pueden necesitar unos lavados para valorar el cambio.
Tercera alternativa: el champú sólido natural. Tiene puntos interesantes: menos envase, formato cómodo para viajar y una imagen más sostenible. Pero no todos los champús sólidos son suaves. Algunos dejan el pelo con tacto áspero o requieren aclarados muy cuidadosos, sobre todo en zonas con agua dura. Además, si tienes el cabello teñido, seco o poroso, la experiencia puede variar muchísimo.
El producto de Macadamia mantiene el formato líquido tradicional, más fácil de dosificar y aplicar. Eso parece un detalle menor, pero no lo es. En cabellos largos o densos, repartir bien el champú sin frotar de más marca diferencia.
También está el precio: 17,9 EUR. No es una compra impulsiva de dos euros, pero tampoco entra en territorio de lujo inaccesible. Para mí, su valor depende de tu punto de partida. Si tienes el pelo normal, quizá no notes una revolución. Si lo tienes seco, dañado o castigado, la diferencia puede estar en que cada lavado deje de jugar en tu contra.
Mi opinión clara: no lo elegiría por moda ni por etiqueta bonita. Lo elegiría si tu cabello necesita una limpieza más respetuosa y tú quieres salir del ciclo de champú agresivo, mascarilla pesada y frustración repetida.
El error no es usar poco producto. Tampoco es no dejarlo actuar cinco minutos. El error más habitual es este: tratar el champú como si fuera un trámite y esperar que el acondicionador o la mascarilla hagan todo el trabajo después.
Me pasó con Irene, una clienta de Granada que me contó su rutina mientras tomábamos café cerca de Puerta Real. Usaba un champú cualquiera, luego una mascarilla carísima y después un aceite. “Algo falla”, me dijo. Lo que fallaba estaba al principio, no al final.
Si el champú limpia de forma demasiado agresiva, abre la puerta a una cadena incómoda: pelo más seco, más enredos, más fricción, más calor para domarlo y más producto para disimularlo. Es como entrar en casa con barro en los zapatos y querer solucionarlo poniendo una alfombra nueva encima.
La brecha de información está aquí: el champú no solo prepara el cabello para el tratamiento posterior; también condiciona cómo se comporta tu melena durante las siguientes 48 horas. Si después del lavado el pelo ya se nota duro, mate o tirante, algo no encaja.
Con Champú Hidratante Rejuvenating Macadamia, la idea es cambiar ese primer paso. Su perfil sin sulfatos, sin parabenos y sin siliconas lo hace especialmente interesante para quien quiere limpiar sin añadir más tensión a un cabello seco o dañado.
Mi opinión: antes de comprar otra mascarilla milagrosa, revisa tu champú. Muchas rutinas capilares fallan no porque les falte un producto más, sino porque el producto inicial no está a la altura.
No el que te gustaría tener ni el que tenías hace diez años. El real. Si tu pelo está seco, dañado, áspero o apagado, este champú encaja mejor que si tienes una raíz muy grasa y necesitas una limpieza más intensa. A María, de Salamanca, le cambió la rutina cuando dejó de decir “mi pelo es normal” y aceptó que las puntas estaban pidiendo otro trato. Mi opinión: el diagnóstico honesto ahorra compras inútiles.
Si te lavas el pelo a menudo, necesitas cuidar la fórmula. Un lavado aislado no suele cambiarlo todo, pero tres o cuatro lavados semanales con un producto poco adecuado sí pueden pasar factura. En ese contexto, una opción hidratante y sin sulfatos tiene más sentido. Mi opinión: cuanto más repites un gesto, más importa que sea bueno.
Los sulfatos no son una condena universal, pero en cabello seco pueden resultar demasiado fuertes. Elegir un champú libre de sulfatos puede ayudarte a mantener una sensación de mayor suavidad tras el lavado. Piensa en una camisa delicada: no la meterías en un programa agresivo cada dos días. Mi opinión: para pelo seco o castigado, menos agresividad suele ser una buena noticia.
Si buscas un acabado ligero y quieres evitar acumulación cosmética, este punto importa. Un champú sin siliconas puede dejar el cabello menos “maquillado”, aunque también menos espectacular al primer contacto si vienes de fórmulas muy pulidoras. Mi opinión: prefiero saber cómo está realmente el pelo antes que taparlo siempre con brillo rápido.
La raíz puede estar correcta y las puntas hechas polvo. Eso confunde a mucha gente. El champú se aplica sobre todo en cuero cabelludo, pero la espuma recorre el resto del cabello. Si medios y puntas están dañados, conviene que ese contacto sea amable. Mi opinión: las puntas cuentan la verdad de tu rutina.
La fórmula incluye fragancia, algo que muchas personas disfrutan porque convierte la ducha en un momento más agradable. Si eres muy sensible a los perfumes, debes tenerlo en cuenta. Recuerdo a Pablo, en Murcia, que rechazaba cualquier champú con olor marcado, aunque funcionara bien. Mi opinión: el mejor producto es el que puedes usar de forma constante sin que te moleste.
A 17,9 EUR, no es el champú más barato, pero tampoco exige una inversión desmedida. La clave está en dosificarlo bien. Usar más cantidad no significa cuidar más. Con una aplicación razonable, centrada en cuero cabelludo y bien repartida, el producto puede cundir mucho más de lo que imaginas. Mi opinión: pagar un poco más tiene sentido si dejas de acumular botes que no terminas.
¿Sirve si tengo el pelo muy seco?
Sí, tiene sentido para cabello seco porque está planteado como champú hidratante y su uso recomendado incluye cabello dañado y seco. Eso sí, si tu pelo está muy castigado por decoloraciones, no esperes que el champú haga solo el trabajo de una rutina completa. Me lo preguntó Teresa, de Pamplona, después de una decoloración intensa, y mi respuesta fue clara: empieza por no empeorarlo en el lavado y luego acompaña con acondicionador o mascarilla.
¿Al no tener sulfatos limpia menos?
No necesariamente. Limpia de otra manera. La espuma puede ser distinta a la de algunos champús tradicionales, pero eso no significa que no retire suciedad o restos de producto. Hay gente que asocia mucha espuma con limpieza profunda, como si el baño tuviera que parecer una fiesta de espuma en Benidorm. Mi opinión: la espuma entretiene, pero el resultado se mide al secar.
¿Es buena opción para hombres?
Sí. Es un producto unisex, y el cabello seco no distingue entre hombres y mujeres. Si usas cera, gomina, secador o te lavas el pelo a diario, puede encajar muy bien. A Dani, de Logroño, le sorprendió notar el pelo menos rígido porque nunca había pensado que su champú tuviera tanta culpa. Mi opinión: muchos hombres mejoran el pelo sin complicarse, solo cambiando el producto base.
¿Puedo usarlo si llevo el pelo teñido?
Puede ser una opción interesante porque no contiene sulfatos y está orientado a cabello dañado. El pelo teñido suele necesitar suavidad, hidratación y menos agresión. No sustituye los productos específicos de color si los necesitas, pero sí puede formar parte de una rutina más respetuosa. Mi opinión: el color se protege también en los días normales, no solo cuando sales de la peluquería.
¿Merece la pena por 17,9 EUR?
Depende de tu problema. Si tu pelo está sano, brillante y responde bien a cualquier champú, quizá no notes tanto. Si arrastras sequedad, puntas ásperas o sensación de cabello apagado, el precio tiene más sentido. Mi opinión: merece la pena cuando compras por necesidad real, no por probar otro bote más.
Después de unos meses usando y recomendando champús de este perfil, mi conclusión con Champú Hidratante Rejuvenating Macadamia es bastante sencilla: funciona mejor cuando entiendes lo que le puedes pedir. No es una varita mágica. No repara años de plancha, tinte y sol en tres lavados. Pero sí puede cambiar una cosa importante: la sensación de que tu pelo sale de la ducha más castigado de lo que entró.
Recuerdo a Elena, de Alicante, que me escribió en abril con una frase muy concreta: “No tengo pelazo, pero ya no me enfado al peinarme”. Para mí, esa es una métrica real. No siempre buscamos una transformación de anuncio. A veces queremos que el cabello no se enrede tanto, que no rasque al tocarlo, que tenga un poco más de vida y que la rutina no parezca una negociación diaria.
Me gusta que sea sin sulfatos, sin parabenos, sin siliconas y no testado en animales. Me gusta que apunte a cabello seco y dañado sin vender humo. Y me parece especialmente útil para quien quiere una limpieza más amable sin convertir el cuidado capilar en una colección interminable de productos.
Mi veredicto: si tu pelo está seco, apagado o dañado, lo probaría con una expectativa inteligente. Dale varias semanas, úsalo bien, no frotes medios y puntas como si tuvieras prisa por estropearlos, y observa cómo responde tu melena al secar. Si notas menos aspereza y más facilidad al peinar, ahí tienes la respuesta. A veces el cambio que buscabas no estaba al final de la rutina, sino justo al principio.